Rupturas Culturales en Dictadura / Artículos

El nudo crítico de Julieta Kirkwood

Figura protagónica del feminismo de los años 80, Julieta Kirkwood conjugó la lucidez analítica de la intelectual que expande los límites de la reflexión crítica, con la acción y organización de la resistencia contra la dictadura. Kirkwood no se restaba de espacios: participaba de talleres en organizaciones sociales, en círculos de lecturas y seminarios académicos, en los espacios feministas y en la escritura en boletines, panfletos y pancartas. Su trabajo, todavía vigente, ilumina una diversidad de problemas –la democracia, el poder, el saber, el movimiento feminista—cuya relevancia ha ido cobrando más peso con el tiempo.

Por Luna Follegati Montenegro

Julieta Kirkwood, destacada socióloga y también militante del partido socialista, feminista de la acción y la palabra, resalta en la historia latinoamericana por la forma en que comprendió y recompuso la trayectoria feminista en nuestro país, relevando problemas políticos a partir de la relación entre mujeres, política y democracia. Su singular analítica es una de las voces ineludibles en la teoría política nacional, no solo como un destello crítico en los años 80, sino al configurarse como una de las propuestas teóricas más sustantivas del continente.

Activista feminista, militante, teórica y, sobre todo, una pensadora política. Julieta Kirkwood es un conjunto de narrativas que relevaron los vericuetos, las sinuosidades y contradicciones del movimiento.

Intelectual que no solo ensaya sobre las problemáticas de las mujeres en el campo de la política tradicional, sino que también se enfrasca en los problemas más espinudos del feminismo.

Como enfatiza Eliana Largo: “escribía con lucidez, consistencia y profundidad sobre asuntos que no habían sido cuestionados”, adquiriendo en plena dictadura una voz sorprendente que logró condensar problemas feministas mediante un constante ritmo de escritura que no escatimó en teoría, historia ni reflexión. Sus documentos de trabajo, columnas, materiales de discusión y la compleja pero sugerente variedad de sus textos se encuentran publicados en tres obras póstumas que compilan toda su escritura: Ser política en Chile. Las feministas y los partidos (1986); Feminarios (1987); y Tejiendo Rebeldías (1987).

Un año después de la fundación del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), en 1936 nace Kirkwood en Santiago de Chile. Quizás su propia historia estuvo ligada desde el inicio, sin saberlo, al desarrollo del movimiento feminista en nuestro país: sus primeros años transitaron entre distintos lugares, al calor de un movimiento que fraguaba la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres. Desde el 55 se radica en Santiago luego de un periplo por Proterillos y Concepción durante su infancia. Trabaja durante el día y estudia la secundaria en horario vespertino. Tiene un hijo, estudia sociología obteniendo su licenciatura durante el revuelto 68, en el contexto de la reforma universitaria. Al año siguiente se titula de Ciencias Políticas, tiene otro hijo, y tres años después, en 1972, ingresa a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, espacio que cobijará su reflexión y servirá como plataforma de acción de su pensamiento y movimiento.

Al igual que el feminismo durante el período autoritario, el aparecer feminista de Kirkwood ocurre con y desde el movimiento durante la dictadura. El “problema de la mujer” y la cuestión de género surgen críticamente –no como ámbitos separados del quehacer político— sino como un cuestionamiento propiamente político frente a las formas de dominación y subordinación problematizadas por los primeros espacios feministas de la época. Kirkwood fue parte importante de ese proceso: su reflexión trascendió el ámbito intelectual. Este ímpetu la lleva a fundar junto a un grupo de mujeres el Círculo de Estudios de la Mujer (1979), comenzando así este aparecer feminista. Gesto con el que inaugura un pensamiento polémico dentro de la disidencia opositora al régimen: no solo un cuestionamiento al silencio impuesto por los militares, sino a la invisibilización de las mujeres en el plano de la historia y la política. En la revista Furia (1981-1981), publicación de la Federación de Mujeres Socialistas, Kirkwood expresó en verso su feminismo:

Tengo ganas de gritar desde mujer
que ya hace tantos demasiados siglos
hay patriarcas violentando nuestros cuerpos
en moldes de obreras, de putas, o de reinas,
despreciando nuestras conciencias hembras.

El pensamiento de Kirkwood es heterogéneo. La resistencia frente a la dictadura se combina con el malestar frente a las formas de exclusión de las mujeres del plano público político. A medida que las organizaciones de mujeres proliferan durante la década de 1980, más preguntas y necesidades de conocimiento van surgiendo.

En eso el interés crítico de Julieta es incansable: identifica nudos, desafíos, conflictos y propuestas al interior del movimiento feminista en su permanente interés por tensarlo con la política tradicional.

Establece, ensaya y piensa alternativas, desdibuja y diseña contornos de las nuevas formas que debiesen contener los espacios democráticos, pero a la vez, y quizás aquí se encuentra un pivote de su radical escritura, imagina políticamente los caminos para una sociedad otra desde el feminismo. Un camino de transformación. En palabras de Kirkwood: “Decíamos que el feminismo es revolucionario y que esto acarreaba consecuencias en el hacer y en el conocer. Y en lo que respecta al juicio o conocimiento histórico, el feminismo mira y exige explicaciones a su pasado”.

El feminismo, y el movimiento de mujeres que problematiza, se identifica así con una serie de aspectos que relevan el carácter político del problema a través de un “fenómeno de ampliación y complejización del campo político”. Espectro que la misma Julieta no vacilará en destacar en una multiplicidad de dimensiones: desde reflexiones que posicionan el problema de la producción y reproducción humana, las formas y sentido de la participación de las mujeres, o la incorporación a lo político del ámbito de la “necesidad”, hasta ese minuto despojado de politicidad por parte del pensamiento teórico chileno.

A través de su propuesta, redefine los contornos de la política y disputa el contenido de la democracia. Para Julieta, la realización de la política traspasa la esfera estatal, la institucional y la organización de los espacios de la economía y el poder.

Con Kirkwood, la política “es también repensar la organización de la vida cotidiana de mujeres y hombres; es cuestionar, para negar –o por lo menos empezar a dudar—la afirmación de la necesidad vital de la existencia de dos áreas experienciales tajantemente cortadas, lo público (político) y lo privado (doméstico), que sacraliza estereotipadamente ámbitos de acción excluyentes y rígidos para hombres y para mujeres”.

1983, un año clave. No solo por las protestas nacionales, sino también por la acción del feminismo en su gesto de identificación bajo la palabra “movimiento”. Ocurre la importante foto en el frontis de la Biblioteca Nacional tras un lienzo donde se lee: “Democracia Ahora. Movimiento Feminista. ”. Año en que se funda la Casa de la Mujer La Morada, espacio central para el movimiento feminista de la época, y para Julieta como cofundadora y activa participante del espacio.

Año que quizás marca un antes y después que será clave en cómo se abordarán los nuevos desafíos feministas, bajo la consigna “Democracia en el país y en la casa”, atribuida a Kirkwood.

Esta se transformará en una de las consignas que condensarán las propuestas feministas latinoamericanas en el II Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en Lima, Perú (1983). Frase que representa una condensación de su propuesta crítica: “Las mujeres reconocemos, constatamos, que nuestra experiencia cotidiana concreta es el autoritarismo. Que las mujeres viven –han vivido siempre—el autoritarismo en el interior de la familia, su ámbito reconocido de trabajo y experiencia”. De allí la afirmación de democratizar todos los espacios de la sociedad.

Un tópico central en las investigaciones y ensayos de Julieta es la pregunta por la democracia: cómo las mujeres nos hemos involucrado en la discusión y participación política democrática, las lecturas críticas que se pueden realizar al respecto, y cómo se ha entendido esta relación entre mujeres y política tradicional.

Sus inquietudes son gravitantes para comprender la densidad del movimiento feminista a la hora de enfrentarse a la política institucional, particularmente en un contexto autoritario que interpelaba las formas de militancia y de resistencia contra la dictadura.

Julieta Kirkwood“La reflexión feminista surge desde la reflexión sobre la democracia –incautada– y desde una revaloración y rescate de sus contenidos”, lectura que traspasa las fronteras disciplinares a través de un formato ensayo exploratorio. Así, a través de sus preguntas reconstruía la propia crítica y teoría: “¿Qué significa la democracia para nosotras?, ¿De que libertad, de qué igualdad, de qué fraternidad, se estaría tratando?”.

La propia obra de Kirkwood se ha vuelto parte de su propuesta de indagación sobre la historia del movimiento feminista. Hoy reconstruimos su pasado, sus textos y perspectivas buscando respuestas a las preguntas que concitan interés actual. Su repentina muerte en abril de 1985 nos arrebató a una de las intelectuales, feministas y teóricas más destacadas que hayamos conocido en nuestro país. Una profesora y compañera, una amiga tejedora, una mujer silenciosa a ratos y con mirada reflexiva, como nos relata Raquel Olea. Continuamos rememorando su trayectoria, al igual que las amigas feministas que la velaron esa noche de abril en La Morada.

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